Situados en el corazón histórico de Pamplona, su casco viejo. Es febrero, pero aún es posible sentir los gritos nerviosos de las cuadrillas y los bufidos de los toros recorriendo las calles estrechas en los primeros días de julio.
He dejado las maletas en el Hotel, situado en el casco antiguo, en una zona tranquila. Es un establecimiento agradable y con precio ajustado. Dispone de parking, que en la zona antigua de la ciudad es un lujo.
El clima es agradable y me dirijo dando un paseo hasta La Mandarra de la Ramos, donde hemos quedado a comer.
Es un trayecto bastante corto, pero da tiempo suficiente para observar el bullicio de las calles. Hay mucha vida en esta zona de la ciudad. Restaurantes, bares, pequeños comercios con nombre y apellido; las franquicias están en el ensanche de la ciudad, no aquí.
Llego un poco antes de la hora convenida. Hoy va a ser una comida de fiesta, cálida y tranquila, con risas y anécdotas, que son muchas con el tiempo que ya ha pasado.
Un buen abrazo de los que curan con mi hermana, y otro con mi primo y cuñado. Uno más, de una serie que seguirá largo tiempo. Así lo queremos y así será.
El nombre del restaurante es un homenaje del dueño a su madre. Mandarra es un sustantivo de origen euskerico, referido al delantal con el que se realizan las labores del hogar. Y la Ramos es la señora madre del gerente, mujer dispuesta y trabajadora, a la que su hijo recuerda con cariño, habitualmente en actitud de trabajo.
Entrando en el local nos encontramos una larga barra repleta de pinchos de todos los colores y sabores. Tapas hermosas en su tamaño, que harán las delicias de los hambrientos con ganas de solucionar sus apetitos con prontitud. Jamones colgados del techo, botellas de vino en paredes y estantes, decoración rústica. Al fondo los comedores y la cocina.
El menú es amplio y toca todas las teclas para adaptarse a diferentes gustos. Es bueno saber que siempre encontraremos una buena ensalada, una legumbre del día, un arroz, revueltos o verduras. Todo con acento casero y navarro. En los segundos, varios platos de carne o pescado, con preparación sencilla o más elaborada; también casquería.
Empezamos con un plato fuera del menú: Espárragos con acompañamiento de mayonesa. De tamaño grande, jugosos. Muy buenos
Como primero pedimos dos platos de pochas acompañadas con un piparras verdes en vinagre y una ración de berenjena rellena.
Las pochas guisadas con verduras, tiernas y sabrosas. En una mano la cuchara, en la otra una piparra, para ir dando bocados sucesivos a la ternura de la legumbre o al picantillo de la piparra encurtida.
La berenjena, rellena de carne con piquillos y gratinada con mozzarella, también debe merecer la pena, si me dejo guiar por el placer con que Víctor la va devorando sin piedad.
De segundos nos traen dos raciones de Conejo a la brasa con ajonjolí, ali-oli y patatas fritas, y una de Estofado de toro al vino tinto.
El Conejo en buen punto de brasa, con el acompañamiento de la salsa y unas ricas patatas fritas. El Estofado no lo probé, pero solo ver esa salsa densa en la que las verduras y el vino han hecho la magia culinaria, qué mejor prueba.
Terminamos la comida con Flan y Cuajadas con miel. Postres sencillos pero gustosos si están bien hechos. Este era el caso.
En fin, un menú muy notable con un precio ajustado. Servicio rápido y amable. ¿Qué más podemos pedir?
Está claro, repetir la fiesta, ya sea en Pamplona o en cualquier otro lugar. La compañía, una comida rica, el disfrutar juntos, siempre son bálsamos que calman y curan. Brindemos por ello… ¡y a por más!