El restaurante Cañadío es uno de los restaurantes de referencia en Santander. Abrió sus puertas en 1981, y rápidamente se convirtió en un local de éxito. Paco Quirós, chef al mando de la cocina, y Teresa Monteoliva dirigiendo la sala, iniciaron un trabajo brillante que hoy, 45 años después sigue en plena vigencia.

Paco Quirós, formado en la Escuela de Hostelería de Santander diseñó una carta basada en el recetario tradicional cántabro y santanderino, actualizado con técnica sabia y nuevos productos.

El restaurante ha sufrido varias reformas desde entonces, modernizando y poniendo al día el local. A la vez, la carta también ha ido cambiando, pero manteniendo sus esencias y bastantes de sus platos míticos. Por ello, siempre es reconocible para sus adeptos después de tantos años.

El restaurante tiene una sala con amplia barra y mesas, en el primer espacio al entrar. Al fondo, la cocina abierta y una sala comedor con elegante ambiente, en la que destacan paredes con ladrillo cara vista y columnas de forjado.

En esta noche de san miércoles pedimos una de las mesas situadas nada más entrar, frente a la barra. Es una buena ubicación para una cena de picoteo, con servicio impecable y compartiendo la vidilla de la barra, siempre animada.

Para esta ocasión nos pedimos un tinto de la Ribera del Duero, Cillar Tinto Fino 2025. Es un tinto joven, del año. En boca es un vino muy frutal, con una refrescante acidez. Intenso y muy fino. Ideal para una cena de tapeo.

Servido el vino, nos ofrecieron una tacita de sopa de ajo. Recién llegados de la calle es el mejor recibimiento para ir entonando el cuerpo.

Empezamos la cena con la tortilla de patatas, varias veces premiada a nivel nacional. Se nota el producto de primera, y han sabido coger el punto para que siempre esté sabrosa y jugosa.

Seguimos con uno de los clásicos de Cañadío, el Pastel de puerros y gambas gratinado con salsa de cava. Ya conocido por nosotros, nunca defrauda. Sabores y cremosidad, con un gratinado que aún crepita cuando llega a la mesa. Matrícula de honor.

Recibimos a continuación la Merluza en tempura con suave alioli. Ideal para una cena compartida. Tempura perfecta y merluza excelente. Sigue la racha campeona.

Pasamos seguidamente a la carne con una elaboración que no conocíamos, el Rabo de vaca deshuesado con su jugo y mollejas de cordero. Lo primero que sorprende es la presentación del plato, muy atractiva. La carne con su salsa reducida al máximo, acompañada de mollejas empanadas, nos encantó. No siempre se consigue un plato redondo, en el que sobresalgan presencia y sabor. Este es un ejemplo.

Y llegaron los postres. En esta Casa es un apartado que se cuida, así que pedimos por partida doble: La tarta de limón Cañadío y la Torrija de pan brioche con su helado.

La tarta, con una base de una consistente crema de limón; por encima, la clara de huevo a punto de nieve; en la parte superior corteza de chocolate blanco con raspadura del fruto . Gran postre.

Pero no queda a la zaga la torrija. Bien empapada, con el caramelo ligeramente quemado y un helado que se iba deshaciendo, emborrachando aún mas aquella delicia.

En fin, buena celebración de nuestro santo laico preferido. Apurando las últimas gotas del Cillar y felices, nos abrigamos para volver a la calle. Es noche ventosa y fresca, pero la calidez de la cita nos durará tiempo. En el recuerdo, nuestro querido Cañadío.

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