Hoy viajamos a Villacarriedo. El restaurante Ruda está localizado en esta Villa, en un entorno donde conviven edificios históricos como el colegio de los Escolapios, el palacio de Soñanes y bonitas casas de tipología tradicional montañesa.

Los protagonistas del restaurante son una pareja, Óscar y Katsuko. Transmiten su proyecto con meridiana claridad, cuando afirman que su cocina viene de la creatividad, la experimentación, el conocimiento del entorno y los productos que éste les proporciona. El producto de su trabajo se plasma en elaboraciones sabrosas, sostenibles y de calidad. Un todo creado por un cántabro y una mexicana-japonesa, acorde con su filosofía de vida y sus principios.

Cuando entramos en Ruda nos encontramos con un amplio local. Una decoración funcional y minimalista, de calidez nórdica. Nos recibe una amplia barra, en este momento sin funcionamiento, y al fondo el comedor. Pocas mesas, para unos quince comensales. Domina la madera, con un calorcito ambiental que nos acoge en este día frío. Buena iluminación natural con un gran ventanal que da al jardín.

Nos acercan la carta. Es una carta corta, pero con atractivo. Incluye varias experiencias líquidas en consonancia con el carácter del local.

La carta de vinos es bastante extensa, con una combinación de pequeñas bodegas artesanas con proyectos prometedores, y otras de tipo más tradicional y consolidado.

Elegimos un Viña Zorzal elaborado con uva garnacha negra, variedad autóctona de la D.O. Navarra, que esta bodega ha recuperado. Estamos ante un excelente vino, fresco y afrutado, con un precio razonable.

Antes de nada, y a modo de aperitivo, quisimos probar algunas de las experiencias líquidas. Nos decidimos por la Kombucha de naranja y cardamomo, la bebida de Jengibre, flor de Jamaica y lima, el Tempache de piña y especias, y La Kukicha pet nat . Son preparados curiosos, que merecen la pena ser probados. Muy diferentes y variados en las preferencias de los comensales. Las bebidas mayoritariamente preferidas fueron la Kombucha y la de Jengibre.

A renglón seguido, con un excelente pan de Oslé y AOVE de Verdial Milenario, y brindando con una copa de Zorzal, decidimos qué comíamos ese día.

Siguiendo los consejos de Katsuko en cuanto a dimensión de la comanda, pedimos dos raciones de Gorditas mexicanas, otras dos de Lentejas beluga y una de Kare raisu (curry japonés).

Las Gorditas, rellenas de kimchi, repollo, crema de caricos, tomate concasé y cebolla morada, estaban muy ricas. Las tortillas que servían de base, artesanas y recién hechas, perfectas para recibir el relleno.

Las Lentejas beluga, brevemente guisadas, y preparadas con acelgas, coco, pencas de acelga confitada y emulsión de piparra. Nos sorprendieron por sus sabores exóticos, en los que sobresalía el coco y el picantillo de las piparras. A parte, un buñuelo de hoja de acelga, cremoso y crujiente. Buen complemento.

Terminamos la parte salada con el Kare raisu, curry japonés. Preparado con aguacate, curry, arroz venere, elote y judías. Acompañado de tortillas para que cada uno se las preparase después de haberlo mezclado todo. En mi opinión, fue el plato estrella de la comida, con bonita presentación y sabroso.

En la parte final, compartimos dos postres. Por una parte, el Membrillo con crema de leche fresca, queso fresco, escarcha de yogur y bizcocho de tomillo. Además, el Boniato con chocolate y cereales. Los dos muy conseguidos, perfectos para terminar la comida.

Con unos cortados de café de especialidad Colombia, cafetera de émbolo, y un cuidado servicio, ya sí, dimos por finalizada nuestra comida en Ruda.

Cumplimos las expectativas. Como queríamos, fue una comida ligera y divertida. Y además de ello, muy sabrosona. Una cocina con inspiración cántabra, llena de matices de nuestra tierra, mexicanos y japoneses. Buen trabajo de la cocina y un personal de servicio atento y eficaz.

Un restaurante singular por diferentes motivos. El lugar donde se encuentra ya es una apuesta arriesgada. Decantarse por una cocina centrada en los vegetales, también. La limitación en el número de servicios diario acentúa la apuesta. Sin embargo, me consta el éxito; en primer lugar, por lo difícil de conseguir mesa. Pero lo fundamental, una cocina muy cuidada, bien presentada y con el servicio amable de Katsuko, aseguran el éxito de Ruda y su continuidad.

Comentarios:

2 comentarios en “Restaurante Ruda


  1. Katsuko
    26 de enero de 2026

    Buenas noches.
    Muchas gracias por la publicación, y lo que más nos agrada saber es que lo ha disfrutado.
    Solo como aclaración, no son matices peruanos, son mexicanos, japoneses y cántabros.
    Una vez más, agradecemos su visita y la descripción de su experiencia en nuestra casa.
    Le enviamos un cordiam saludo y deseamos verlos pronto.

    1. Enrique Haya Porrero
      31 de enero de 2026

      Muchas gracias por todo, Katsuko. Gracias también por la aclaración, que siempre ayuda. Lo corrijo. Hasta pronto!
      Un saludo

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