Garbo es el proyecto de Giorgio Peis y Berta Rueda hecho realidad. Un proyecto muy personal y largamente pensado. En este caso Garbo no es el apellido de Greta; el nombre nace del barrio de Garbatella y de su etimología (garbo y bella), como un lugar donde tratar a la gente con cercanía y hacerla sentir en casa. Y certifico, de antemano, que lo consiguen.
La primera idea fue hacer una ciccetteria, algo así como un bar de tapas habitual en Venecia, donde catar un vino mientras se toma un bocado. Aquella primera idea acabo de definirse en lo que hoy es, una Trattoria moderna y Cocktail Bar.
La denominación de esta casa de comidas es toda una declaración de intenciones. La trattoria es un restaurante italiano que ofrece comida tradicional a precios razonables. También suele caracterizarse por su ambiente cálido y acogedor. Claro es que a ello se suma el calificativo de “moderna”, lo que nos lleva a pensar en una evolución hacia un enfoque más contemporáneo en cuanto a ingredientes, técnica más depurada y creatividad. Y no sólo eso, también se nos presenta como Cocktail bar. Y es que Giorgio fue un cocinero que acabó derivando en profesional de sala, barra y cocketelería. De forma que en la carta vemos cockteles originales y sugerentes para tomar como aperitivo o degustar en cualquier momento de la comida.
En este sábado de finales de enero tuvimos la fortuna de encontrar mesa. Las sensaciones al entrar son muy positivas. Tanto Giorgio como Berta nos recibieron como buenos anfitriones de su casa. Eso es, nos hicieron sentirnos como en la nuestra.
El ambiente ayuda, con una iluminación bien pensada para acentuar la calidez. Mobiliario cómodo y decoración amable a la vista. Al fondo, la barra donde Georgio maniobra y organiza sus bebedizos. Berta nos atiende y explica todas las dudas sobre las opciones de la carta. Sin prisa, fuimos centrando la propuesta de lo que ibamos a pedir.
Comenzamos con la bebida, y ya que los cockteles eran apetecibles, nos decidimos por ellos. Nos acompañaron a lo largo de la comida, así que dejamos el vino italiano para otra visita. Pedimos un Aperol Spritz y un Negroni. Dos buenos cockteles: más ligero y fácil el Aperol; más seco el Negroni. Como aperitivo, para ir entrando en materia, mantequilla trufada y pan tostado.
Nuestra comida empezó por un plato a compartir, Uovo tartufato e asparagi. Un huevo poché aromatizado con finas hierbas y trufa italiana, y servido sobre fondue de Grand Padano y espárrago verde escaldado. Sabores complejos, en los que pasamos del terroso tan aromático propio de la trufa, a la cremosidad de la fondue de queso y la untuosidad del huevo. Con cuchara y buen pan para ayudar, nos encantó.
Como platos principales una Lasagna d´inverno y los Fetuccine al ragú di cortile. La Lasagna, hecha con pasta fresca al huevo, con setas, trufa negra fresca y queso provolone. Los fetuccine, también con pasta fresca al huevo, con ragú tradicional del norte de Italia, hecho con perdiz, conejo y pato, y bechamel aromatizada con azafrán.
Probé la Lasagna, muy buena y diferente a lo habitual, y entré a fondo con los Fetuccine. Una pasta perfecta en el punto de cocción, y muy sabrosa con ese fondo de carnes y bechamel. Sobresaliente, en mi opinión.
Son platos contundentes, pero como casi siempre y vistos los postres de la carta, un esfuerzo había que hacer. Pedimos una Seada y una Torta della Nonna a modo nostro.
La Seada un postre tradicional de Cerdeña, lugar de nacimiento de Giorgio. Se elabora con una masa frita rellena de queso fresco y limón, acompañada de miel de flores y tomillo. El queso fresco sardo es difícil de encontrar por estos lares, por lo que han buscado producto cercano, manteniendo la esencia de la receta original.
La Torta della nonna es un postre realizado con crema pastelera, pasta frolla, reducción de mosto aromatizado con menta, uvas y piñones.
Dos postres originales y de buena factura, que compartimos para aprovechar el final de la comida. La Seada recién hecha, aun templada, crujiente, con sabores delicados, lácticos y cítricos, con la compañía de una miel suave. La Torta, un postre casero, que combina un fondo de crema pastelera perfecta al paladar con la pasta frolla y la presencia notable de la menta.
Terminamos con uno de los licores hechos en la casa que nos ofreció Berta, un limoncello di familia, elaborado con limones de Gajano. Curiosamente, había un retrogusto picantillo; Berta nos comentó que, en la maceración del licor con la corteza de los limones, también había granos de pimienta. Y en verano, sustituyen la pimienta por albahaca.
Recibidos como en casa y tratados así durante la comida, nos despedimos con buenas sensaciones. Sin duda, es un restaurante que merece ser visitado con frecuencia. Ahí queda el compromiso.