Una jornada por Pasajes de San Juan es sentir el nordeste cargado de salitre curtiendo la piel a cada paso, volver al siglo XIX mientras se pasea por las calles empedradas, sentarse a comer encima de la mar, disfrutando de la cocina que tan bien saben practicar por aquellos lares.
Pasajes de San Juan (Pasai Donibane) y Pasajes de San Pedro (Pasai San Pedro) están situados a ambos lados de la bahía de Pasajes, separados por una estrecha bocana que conecta la ría y el puerto con el Mar Cantábrico. Hoy visitamos Pasajes de San Juan, un bello pueblo que conserva con pulcritud la fisonomía de los siglos pasados. Pasear por la calle San Juan del casco antiguo nos sumerge en un mundo pasado, donde los arrantzales vascos eran el corazón de la economía y la vida de estos lugares. En ella se encuentra la casa que Victor Hugo habitó en 1843. Esta casa es hoy en día un pequeño museo en memoria de quien dijo de Pasajes lo siguiente: “Este rincón inédito es uno de los más bellos rincones que yo haya visto…”.
Múltiples bares y restaurantes pueblan la calle principal y la Plaza Mayor. La oferta es variada, pero en mi opinión, merece la pena pedir mesa y sentarse a disfrutar de la cocina tradicional vasca en Casa Cámara.
Los orígenes del restaurante Casa Cámara se remontan a cuando Pablo Cámara, ocupó el cargo de secretario al ayuntamiento de Pasajes de San Juan en 1850. La casa, un edificio del siglo XVII, se la compró al señor Egino. El espacio que hoy en día ocupa el comedor, era utilizado para descarga del pescado que traían los “arrantzales” del pueblo, y el edificio de la lonja de pescado estaba frente a la actual entrada del restaurante. Cuando la descarga de pescado se desplazó a otro lugar del pueblo, Pablo Cámara construyó el vivero que se mantiene actualmente en el centro del comedor y comenzó a dar servicios de comidas y meriendas a base de marisco y pescado. Poco a poco se comenzó a cubrir aquel terreno, primero con una simple enredadera y con un toldo más tarde. Era el año 1884, era el inicio de Casa Cámara.
El comedor con vistas a la ría y el puerto de Pasajes es de decoración clásica, con mobiliario de tintes oscuros y mesas bien vestidas con mantelería blanca. El vivero, se mantiene debajo de este espacio y hay un sistema de poleas para que langostas, bogavantes y cigalas puedan alcanzar la mesa de la clientela antes de pasar a la cocina.
Estamos de enhorabuena porque nos han sentado junto a los ventanales, y al espectáculo de habitual de la gastronomía vamos a poder sumar el que nos brindan las vistas al mar que se siente al lado, y el de los barcos que salen y llegan por la bocana.
Y entrando en materia, empezamos por la elección del vino. Cuando venimos por estas tierras me gusta probar caldos locales, y aquí manda el Txacolí. El txakoli Katxiña se elabora con la variedad de uva Hondarrabi Zuri, cosechado en las 8 hectáreas que rodean la bodega, plantados en una ladera oorientada al sur que finaliza en el rio Oria.
El carácter afrutado de la variedad, combinada con la brisa del mar Cantábrico, hace que este Txacolí sea un vino fresco, vibrante, afrutado y fino.
Con el vino, nos llega el aperitivo de la casa, un vasito de gazpacho de sandía para cada comensal. Fresco y delicioso para empezar.
Compartimos un Salpicón de bogavante, langostinos, aguacate y manzana, acompañado de mantequilla ahumada y tostaditas. Todos los componentes del salpicón, finamente cortados en forma de “pastel”, hacen fácil la preparación de las tostaditas de pan que hemos aderezado con la mantequilla. Sabor y acierto en su elaboración.
A continuación, llega a la mesa la segunda ración que vamos a compartir, las Kokotxas con almeja fina en salsa verde. Excelente materia prima y muy buena mano con la salsa. Un plato redondo de la tradición culinaria vasca. Nos encantó y, como no, zambullimos el pan en aquella salsa sublime.
Después pedimos una Lubina salvaje al horno con almejas y gambas, acompañada de patatas al horno. Entre los dos Enriques terminamos con el salvaje animal. Perfecto de horno para saborear el pescado como se merece. Las patatas al horno, con ajo y perejil, muy ricas.
Gema se decantó por el Revuelto de carabineros y cebolleta fresca con verduritas crujientes. Plato original en su presentación, con una yema de huevo en el centro, la preparación de carabineros con verduras alrededor, y la cebolleta frita en filamentos por encima de todo ello. Presentación y sabor de calidad.
Terminamos con los postres. Pedimos la Tarta de frambuesas, higos y almendras con helado de turrón, el Tiramisú a la esencia de toffe con Baileys y el mítico helado artesano de Armagnac. Los tres de casa seria, dejan un grato recuerdo. En mi opinión, si me piden elegir, me voy a la Tarta de frambuesas, higos y almendras. Exquisita.
Y así llegamos al final. Conocemos Casa Cámara de varias visitas y si Dios lo permite, intentaremos volver en el futuro. Pasajes de San Juan y este Restaurante lo merecen.