Hoy estamos en Cadaqués, un bonito pueblo marinero situado en la península del Cabo Creus de Gerona. Nos trae hasta aquí el visitar la casa donde veraneaba Salvador Dalí, en la cercana cala de Port Lligat y, por supuesto, disfrutar de este pintoresco pueblo.
En el casco histórico, predominan las calles estrechas, con casas sencillas pintadas de blanco. En el paseo marítimo, mirando al mar, algunas mansiones construidas con proyectos de prestigiosos arquitectos modernistas.
Como es habitual por estos lares, el turismo es la industria predominante. A pesar de ello, pequeñas galerías de arte, tiendas de artesanía con un toque más especial y delicado, nos indican un sello diferente. No toda la Costa Brava está dedicada al turismo masivo, y Cadaqués es una localidad bella. Merece llegar hasta allí y disfrutar de sus calles, sus calas, y como no, su gastronomía.
Para comer había reservado en el restaurante Compartir, proyecto dirigido por profesionales que comenzaron su andadura con Ferrán Adriá en El Bullit, y que hoy también son responsables del prestigioso restaurante Disfrutar. Compartir está distinguido con dos soles Repsol y recomendado en la Guía Michelín.
Está situado en el centro histórico del pueblo, a corta distancia de la playa. Nada más traspasar la entrada, hay una gran terraza con mesas para comer o cenar. Entrando en el edificio, nos adentramos en el comedor, en el que predominan las mesas en zona de semipenumbra, con iluminación cálida, agradable.
Como su nombre indica, la oferta gastronómica se presenta en platos para compartir en el centro de la mesa. La carta ofrece platos de estilo moderno y también propuestas más tradicionales, como pueden ser los arroces.
En nuestro caso, optamos por lo “moderno”. Ese día nos atrevimos con un vino blanco, fruto de un proyecto que han iniciado los dueños del restaurante, Garnatxa Gris, el vi Dels Amics. Es un vino blanco natural 100%, con una crianza en huevo de hormigón. Con una pequeña producción de 2.400 botellas, es un vino seco, fresco, aromáticamente sutil y con un claro matiz mineral.
La comida comenzó con una copita de sangría de vino blanco con espuma de melocotón, y unos chips de trigo suflado con polvo de tomate. Buen comienzo, indicativo de la cocina moderna que mencionaba.
Después del aperitivo, nos llegó el Buey de mar sin trabajo, con aguacate y huevas de trucha, las Sepietas a la putanesca con setas y butifarra y el Salmonete sin trabajo con puré de patata al suquet, Terminamos con las Costillitas de conejo rebozadas, alcachofas y alioli de manzana. Los cuatro platos al centro y como repiten en la carta varias veces, sin incomodidad para comer.
Realmente, nos gustaron y sorprendieron las diferentes elaboraciones. Todo sabroso, cocina muy actual y mediterránea.
De postre, pedimos la Tarta tibia de almendras con helado de ciprés y el Coulant de avellanas con sorbete de albaricoque.
La tarta era semilíquida y el helado tenía un sabor suave a como «huele un bosque de coníferas». Realmente diferente. El Coulant fresco, denso y profundo, un buen final.
Siempre que puedo, porque sea merecido, me gusta referirme al servicio. Y en Compartir, tuvimos con nosotros a profesionales que saben su oficio y colaboran a que la comida sea un éxito. Gracias por ello.
En fin, una jornada gastronómica diferente, actual y notablemente pegada al territorio. Muy recomendable la visita.