El “Gele” es uno de los clásicos de Santander. Situado en la calle Eduardo Benot, una de las más cortas de la ciudad, y con más de 60 años a sus espaldas ha sabido mantenerse y mejorar. Después de una reforma importante, para celebrar por todo lo alto su 60 aniversario, hoy es un restaurante que ofrece buena mesa y servicio profesional. El profundo “lavado de cara” ha transformado el local en un restaurante a la vez clásico y moderno. Con decoración e iluminación cálidas, se ha conseguido un espacio que acoge y predispone para una experiencia feliz.
Nada más entrar no encontramos con una barra amplia y mesas de comedor a derecha e izquierda. Cuando la afluencia de clientela lo exige, unas escaleras llevan al comedor que hay en la primera planta.
En nuestro san miércoles fuimos, como suele ser habitual, los primeros en llegar. Nos sentamos en una mesa de la planta baja y en pocos minutos empezó el festejo.
Para esta cena nos presentaron un Ribera del Duero, Salvio se llama, que nos convenció. Este vino pertenece al proyecto en Ribera del Duero de Perelada y Chivite, dos nombres importantes del vino español. En su coupage domina la Tinto fino (Tempranillo), acompañada por Cabernet sauvignon y Merlot. Procede de viñedos situados a más de 800 metros de altitud, en la zona de La Horra. Con una crianza de 3 meses, es un vino fresco en el que la fruta está bien presente.
Empezamos con unas finas lonchas de chorizo como aperitivo de la casa, e inmediatamente nos presentaron el Pastel de puerros y gambas, que llega templado a la mesa, con sus panes tostados. Gran inicio
Seguimos con los bocartes rellenos de pimiento rojo y rebozados. Se preparan abiertos de dos en dos, con el piquillo en medio. Están el tiempo mínimo en la sartén para que queden jugosos. Realmente estupendos.
A continuación, los Medallones de merluza sobre salsa de cigalas. Confirmamos la mano del cocinero con la sartén. La merluza, en su punto, sobre una cama de salsa de marisco suave y sabrosa.
Terminamos la parte salada con las Mollejas empanadas con pimientos verdes y patatas fritas. Poco duraron las pobrecitas. Unos fritos tan estupendos desaparecen de la mesa, y no es magia, es buena materia prima y buen trabajo en la cocina.
Los platos que hemos compartido forman parte de los clásicos del Gele. Cuando venimos aquí sabemos que vamos a disfrutar de una cocina tradicional, sabrosa e impecable.
En este Restaurante hacen buenos postres. Lo sabemos, y por ello meditamos la elección. Esta noche nos pedimos el Flan de manzana con crema de fresa y un Helado de caramelo al punto de sal. Los dos tan buenos como suponíamos.
No quiero terminar sin recordar al personal de servicio: Fueron de sobresaliente: personas amables y eficaces, que mejoraron con su buen hacer la experiencia de estos cuatro amigos, devotos de san miércoles. ¡Hasta pronto!