El restaurante Los Machucos es un gran restaurante de cocina tradicional.

Para comer allí tenemos que llegar a Bustablado, localidad del municipio de Arredondo. Desde Santander, el camino más corto es ir hasta La Cavada y allí coger la CA-261 hasta poco antes de llegar a Arredondo, en que la CA-655 nos conducirá al final de la meta.

En un día de clima bonacible es un viaje precioso, si no llevas prisa. Subir el puerto de Alisas, parar en alguno de los lugares preparados para ello, y contemplar desde allí montes, prados y al fondo el mar, es una experiencia recomendable.

Y como decía al principio, en la meta está un más que buen restaurante. Merece la pena.

No lo conocíamos salvo por alguna referencia indirecta. Lo primero que llama la atención es la bonita reforma que han realizado los dueños. Hoy es un local moderno y acogedor, en el que destaca una terraza acristalada que protege de los fríos invernales; y pronto, también del sol y el calor, cuando la obra termine con la instalación del aire acondicionado y toldos.

La carta ofrece varias posibilidades. Desde sumarse al menú con opciones muy variadas, o ir al menú de cabrito (una especialidad de la casa), al menú perrechicos, o directamente comer a la carta. Como no hay obligación para que toda la mesa elija carta o el mismo menú, la decisión es personal e intransferible.

En nuestro caso dos eligieron menú, y tres nos decidimos por la carta. Y ya adelanto, todos quedamos muy contentos con la comida y el servicio.

Los primeros consistieron en una ración de Fritos, Ensaladilla rusa y Cocido montañés.

Los Fritos con rabas, varios tipos de croquetas, gambas gabardina y mejillones tigre. Cantidad y calidad. No probé la Ensaladilla rusa ni el Cocido, pero los comentarios de ambos fueron notables.

En segundos, Escalopines con patatas y pimientos, Pimientos de piquillo rellenos de rape y langostinos, Chuletillas de lechazo y Cabrito asado con ensalada.

Me dedique al Cabrito en exclusiva. Tierno y sabroso, en su punto. Acompañado de patatas cortadas en rodajas y una ensalada fresca y rica de lechuga, tomate u cebolla roja . Mereció la pena.

A los postres, compartimos una tarta helada tradicional y una ración de leche frita. La leche frita muy rica, aunque el sobresaliente lo habría alcanzado si las porciones se hubiesen frito en el momento, sirviéndose en la mesa aun calentita.

En resumen, muy grata comida tanto por la experiencia gastronómica como que el motivo de acercarnos hasta aquí era celebrar el cumpleaños de mi madre. Volveremos.

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